Iglesia-fortaleza de San Saturnino, Artajona

Iglesia-fortaleza de San Saturnino, Artajona

Todo el conjunto de “El Cerco” de Artajona está protegido por la iglesia-fortaleza de San Saturnino que, además de ejercer de campanario, supone un importante punto de vigía.

Vista general de la iglesia de San Saturnino, Artajona

Vista general de la iglesia de San Saturnino

Construida en el siglo XIII sobre las ruinas de un templo románico, formó parte de la defensa del conjunto, y así lo evidencian sus robustos muros y contrafuertes, el paso de ronda sobre la bóveda de la nave que sirvió de calabozo, el pozo de agua, el uso que hicieron de la sacristía como cárcel y la torre prismática del siglo XIV utilizada como puesto de guardia en el siglo XV.

Destaca especialmente su monumental portada gótica de finales del siglo XIII; doce arquivoltas ricamente decoradas enmarcan el tímpano en el que están talladas las imágenes del martirio de San Saturnino (murió arrastrado por un astado atado a su cuello con una cuerda) y de la reina Juana de Navarra y su esposo Felipe el Hermoso.

Torre de la Iglesia de San Saturnino, Artajona

Torre de la Iglesia de San Saturnino

Muy curiosa también la cubierta, con paso de ronda como corresponde a su carácter de fortaleza y con el tejado dividido en varios fragmentos rectangulares cubiertos con losas de piedra en lugar de tejas y que recogen el agua de la lluvia hacia un orificio central en cada uno de ellos, agua que es canalizada por la torre hasta el aljibe situado bajo la iglesia.

El aljibe medieval, recientemente encontrado en el lado norte de la iglesia, tiene una superficie de siete por cuatro metros, así como tres metros de profundidad. Aparece cortado en su parte superior, pero se conservan las ménsulas de arranque de los arcos de las bóvedas de crucería que debió tener.

Cuenta con un retablo gótico realizado entre 1505 y 1515 que alberga una talla sedente de San Saturnino, una talla gótica de la Virgen con el Niño, y un calvario de estilo gótico hispano-flamenco que se completa con pinturas y abundantes oros. Asimismo, en el ábside se encuentran interesantes pinturas murales góticas.

Portada de la iglesia de San SaturninoDetalle del retablo de la iglesia de San SaturninoVista de la iglesia de San Saturnino desde el puebloDetalle de la portada de la iglesia de San Saturnino

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El Cerco de Artajona

El Cerco de Artajona

El Cerco de Artajona se refiere al conjunto de fortificaciones medievales del siglo XI situadas sobre un cerro que domina la villa de Artajona. Originariamente tuvo catorce torreones almenados, de los que sólo quedan nueve, unidos por el camino de ronda.

Vista general del Cerco de Artajona

Vista general del Cerco de Artajona

Los vestigios más antiguos que se han encontrado en el lugar que hoy ocupa el cerco datan de la Edad del Hierro y en la época de Roma, entre los siglos I a.C. y II d.C. Las últimas excavaciones realizadas han confirmado la existencia de un Castellum, pequeño núcleo defensivo

Hasta el siglo VIII hay un salto en cuanto a datos y restos arqueológicos, lo que nos induce a pensar que este lugar estuvo abandonado durante estos siglos. Entre finales de éste y el siglo X, el lugar vuelve a ocuparse, siempre con carácter defensivo. Entre el XI y el XII se construye el templo románico sobre el que posteriormente se erigiría la actual iglesia fortaleza, aunque hay indicios de una parroquia dedicada a San Juan Bautista que ocupaba el mismo lugar y alrededor de la cual se formó un pequeño núcleo de población.

Uno de los torreones del Cerco de Artajona

Uno de los torreones del Cerco de Artajona

En el siglo XI, el rey Sancho Garcés IV, el de Peñalén, y ya con los musulmanes desplazados al Sur de la península, concedió al noble García Aznárez la repoblación del lugar.

Pedro de Roda, obispo de Pamplona de origen francés, inicia una campaña de renovación, regalando iglesias y rentas a monasterios y cabildos extranjeros. Entre ellos figura en 1084, con la autorización del rey Sancho Ramírez, la iglesia con todos sus bienes, rentas y diezmos a los canónigos de Saint-Sernin de Toulouse.

Es entonces cuando los monjes inician la construcción de la primitiva iglesia románica y también acometen el cierre amurallado de la población alta que circunda al citado templo, aunque su forma actual es obra de posteriores construcciones durante el siglo XIII.

Con la Conquista de Navarra por parte de la corona castellana, y a pesar de que el Cerco se salva del Cardenal Cisneros y su desmoche masivo de los castillos navarros, pierde su función defensiva y comienza su deterioro sucediéndose las noticias y pleitos por sustracción de piedras de las torres y murallas.

Torreones del Cerco de Artajona

Torreones del Cerco de Artajona

En 1568 se acuerda alquilar las torres a particulares con el fin de frenar el deterioro y ya se menciona el mal estado de tres de ellas, y treinta años más tarde ya se dice que de las 17 torres de las que se componía el cerco inicialmente, cinco ya  habían sido derruidas.
Durante la segunda mitad del XIX y principios del XX, se retira mucha piedra del cerco, siendo significativa la que se utiliza en la construcción del Colegio y Hospital de Artajona en 1856.

En la actualidad el cerco mantiene doce de sus torres, nueve completas y tres en cimientos y entre las torres 8 y 9 cercanas a la puerta de San Miguel, conserva un lienzo de la muralla original.

Las torres son del tipo denominado bestorre, huecas por la parte interior de la muralla, que tienen un doble carácter defensivo, tanto para protegerse de posibles amotinamientos interiores, como para evitar que si el enemigo consigue franquear parte de la muralla, pueda hacerse fuerte en ellas. Originariamente estaban unidas por pasos de madera entre unas y otras para facilitar el tránsito entre ellas, así como constaban de varias plantas.

Ruinas del Cerco de ArtajonaTorreones del Cerco de ArtajonaTorreones del Cerco de ArtajonaTorréon del Cerco de Artajona

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El molino de la Guerinda

Molino viento de la sierra de la Guerinda

En la sierra de la Guerinda, límite entre Lerga, Olleta y San Martín de Unx, se conserva uno de los pocos molinos de viento que existieron en Navarra. Hoy, este edificio es la «guinda» del parque eólico levantado por la empresa EHN en los años 90.

Parque eólico de la Guerinda

Parque eólico de la Guerinda

EL VIENTO NEGRO

Un día cualquiera en la Guerinda, la fuerza del viento puede ser de unos diez o doce metros por segundo. Sin embargo, «esto puede cambiar de repente y ponerse tranquilamente a veintiséis o veintisiete metros por segundo (ciento y pico kilómetros/hora)», dice Iñaki Urquía. Antiguamente, los habitantes de la zona hablaban del «viento negro» que sopla a veces en la sierra. Este es el aire más peligroso porque es un viento agradable, que sopla suavemente cuando empiezan a ponerse las nubes negras, pero de repente se torna violento como un huracán.

«Aquí la mayor parte del año sopla el cierzo y en verano el bochorno, aunque en cinco minutos puede cambiar sin avisar», añade Urquía. «Esto nos pasó un día cuando estábamos terminando de ajustar los mecanismos del molino. De repente vimos que se estaba poniendo negro, y tuvimos que bajar corriendo de la torre antes de que empezara la tormenta de viento.

Parque eólico de la Guerinda

Parque eólico de la Guerinda

En los montes de Guerinda sopla un viento tan fuerte que te llena la boca de golpe y casi no te deja respirar. Los antiguos agricultores y pastores de la zona, solían hablar del «airuz» que barre estas cumbres austeras cubiertas de coscojas, enebros, ollagas y otras plantas propias del matorral mediterráneo. Aquí arriba, en medio de este rosario de montes repletos de aerogeneradores modernos, existe un paraje conocido desde antiguo como «el portillo de los Molinos de Viento».«Este lugar es como un embudo», dice el arquitecto Iñaki Urquía. «Aquí, en este collado que está a unos 800 metros – los montes circundantes tienen una altura máxima de 900 metros- se cuelan como un tiro los vientos que soplan del norte y del sur. «No es casualidad que aquí se montara antaño un molino de viento. Y es que los antiguos, que de tontos no tenían un pelo, aprovechaban los recursos que tenían en el entorno».

En la muga de tres pueblos

El molino de la Guerinda se encuentra en realidad en el término concejil de Olleta (municipio de Leoz, antigua Valdorba). Muy cerca de aquí están las mugas municipales de San Martín de Unx, y no muy lejos las de Lerga.

Antiguo molino de la Guerinda

Antiguo molino de la Guerinda

En todos estos pueblos agroganaderos, los agricultores han vivido tradicionalmente de la viña y del cereal. Por eso, además de las bodegas, había antiguamente en San Martín de Unx un molino de río, que aprovechaba el agua de las regatas que bajan de la Guerinda hasta el Cidacos, para moler el trigo, y obtener la harina

Al parecer, el molino harinero de San Martín de Unx no debía ser muy productivo, ya que las regatas de esta zona son inconstantes o de bajo caudal, y había que embalsar el agua para poder moler. «Cuando se acababa el agua, había que volver a esperar a que se llenara para continuar con la molienda», señala el arquitecto Iñaki Urquía. «Así pues no es de extrañar que los habitantes de esta zona se plantearan hacer un molino de viento «mancomunado» en las cumbres de la Guerinda.

Como en la Mancha

El molino de viento se construyó probablemente en la segunda mitad del siglo XVII. Sus restos aparecieron en 1995, en el curso de los trabajos realizados por la empresa Energía Hidroeléctrica de Navarra para la instalación del parque eólico. Según los arqueólogos del gabinete Trama, autores de la excavación y del análisis de las ruinas, éstas correspondían a un «molino de viento de tipo torre, clasificable en el tipo C de Küguer».

«Este tipo de molino es muy raro en Navarra, puesto que aquí la abundancia de ríos propiciaba la proliferación de molinos de agua, que son tecnológicamente más sencillos, menos costosos, y más productivos», señala Iñaki Urquía, autor del proyecto de reconstrucción. «Además, los molinos de río son más fáciles de manejar», añade. «Tu abres la tajadera, un poco más o un poco menos, y… «ahí está bien. A moler». En cambio, el molino de viento es mucho más complicado de hacer y sobre todo de gobernar».

Para reconstruir el molino de la Guerinda, los arqueólogos y el arquitecto se inspiraron en los molinos de la Consuegra (Toledo), y especialmente en un ejemplar conocido hoy como el molino Sancho. Este tipo de molino manchego se extendió sin variaciones por toda la península, por lo que es de suponer que el de Olleta fuera muy parecido», señala Urquia.

Molinos de viento en la Guerinda

Molinos de viento en la Guerinda

Entresijos del edificio

El molino original tenía una base cilíndrica de ocho metros y una cubierta circular cónica de tres, con hélice de cuatro aspas. Así es que la estructura original alcanzaba una altura de once metros. «En la reconstrucción se aumentaron un poco estas medidas por razones de seguridad», dice Iñaki Urquía. «Y es que antiguamente las aspas giraban a un metro o metro y medio del suelo, con lo cual podían colisionar con personas o animales. Por eso, el molino tenía dos puertas, por las que se podía entrar alternativamente según la orientación en la que estuvieran girando las aspas».

Hoy como ayer la torre del molino se distribuye en tres niveles interiores comunicados por una escalera de caracol. En la primera planta se encuentra el cernedor de la harina, y en la segunda planta, las piedras del moler (solana y volandera) junto con los mecanismos de madera que las conectan a las aspas. Estas se mueven, junto con la cubierta, buscando la dirección del viento, generalmente cierzo o bochorno. Para ello, se ha reproducido el complejo mecanismo interno hecho de ruedas de madera, dentadas y engrasadas con sebo, que mueven las dos piedras del molino. La rueda más grande se llama catalina, seguramente porque recuerda la rueda en la que dieron tormento a Santa Catalina. Y la más pequeña se llama linterna, y está conectada a las piedras de moler mediante un eje o barrón que las mueve con la fuerza de las aspas.

Molinos de viento en la Sierra de la Guerinda

Molinos de viento en la Sierra de la Guerinda

Ver y escuchar cómo funciona el molino desde dentro es una experiencia emocionante. «La primera vez que se puso en marcha, crujía y bailaba todo de tal manera, que parecía que iba a estallar. Y es que los molinos de viento son como gigantes peligrosos y difíciles de gobernar. No es de extrañar, que don Quijote se enfrentara con ellos, porque al moverse las aspas, el molino chirría y trepida como un monstruo».

Detalles de la reconstrucción

La reconstrucción del antiguo molino de Olleta se realizó entre 1998 y 1999.Tanto la cubierta cónica, como los mecanismo internos del molino (ruedas catalina, linterna y el eje que conecta con las piedras de moler), se rehicieron con madera procedente de diversos puntos de Navarra. La torre cilíndrica está inspirada en la cubierta de la torre de Nuestra Señora de Muskilda en Ochagavía. Y el palo de gobierno y las hélices están hechos con acacia de Bera.

Para medir la fuerza y dirección del viento, el molino de la Guerinda se sirve de una veleta-anemómetro con forma de gato. Este curioso detalle que corona la torre del molino es en cierto modo la firma del albañil, Javier Sanz, que es de Azqueta (»a los vecinos de este pueblo les llaman gatos», recuerda Urquía.).

Para realizar la obra, la empresa EHN contó además con otro experto artesano: el carpintero tafallés Jose Luis Inchaurrondo, actual encargado del mantenimiento del molino.

Antiguo molino de viento en la sierra de la Guerinda

Antiguo molino de viento en la sierra de la Guerinda

Hoy, las instalaciones reciben periódicamente la visita de escolares o de otros grupos de personas interesadas en ver funcionar «el único molino de viento de Navarra». Al parecer, pudo haber algún otro molino de viento en Artajona, en Olite, y en Subiza (Cendea de Galar). Pero de momento el de Olleta es el único en Navarra que ha sido identificado y analizado. De ahí la importancia que tiene como testimonio del tipo de arquitectura industrial que se hacía hace cuatro siglos.

Texto: José A. Perales
Leído en: http://www.diariodenavarra.es/

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Iglesia de Santa María de Eguiarte

Iglesia de Santa María de Eguiarte – Lácar

Una iglesia románica de bello porte perteneciente al Valle de Yerri. Se encuentra a medio camino entre Lácar y Alloz. El acceso por una pista asfaltada y las edificaciones anejas y ajenas que la rodean impidiendo contemplarla hasta no alcanzar el atrio incrementan el atractivo de este monumento histórico, Bien de Interés Cultural.

Atrio de Santa María de Eguiarte

Atrio de Santa María de Eguiarte

Precisamente el atrio es lo primero que llama la atención. Arcos de medio punto, vigas de madera y columnas rectangulares se asientan sobre un antiguo cementerio cubierto por losas de piedra. Se notan las diferencias entre la construcción románica y la ampliación barroca y son de destacar los símbolos escondidos como la cruz templaria. Las resonancias astronómicas de esta grafía refuerzan la idea de lo arcano del enclave.

La sencillez románica se mezcla con elementos de gran riqueza escultórica en los capiteles de la portada, que tiene tres arquivoltas baquetonadas, ligeramente apuntadas que descansan en un cimacio, ricamente decorado con motivos vegetales, que une las jambas y el par de capiteles a cada lado  que dan paso a las columnas.

Los dos primeros capiteles de la izquierda se atribuyen al escultor de San Miguel de Estella y muestran la Anunciación y la Adoración de los Reyes Magos, con una expresividad que apunta hacia maneras protogóticas. A continuación, en la jamba, una estrella entrelazada y el Cordero Místico.

La Adoración de los Reyes

La Adoración de los Reyes

En los de la derecha, se presenta la dualidad del bien y el mal mediante el centauro o sagitario apuntando con su flecha a varias águilas enfrentadas, animales mitológicos y en la jamba un Crismón.

La iglesia tuvo consideración de Basílica y de ahí la riqueza constructiva y ornamental con la que fue reformado su interior en estilo barroco en el siglo XVII. De la primitiva fábrica románica se atesoran dos capiteles muy bien conservados. La luz impregna el interior donde resplandecen los retablos cubiertos de pan de oro, finas láminas hechas con el oro de un virrey. En el retablo mayor destaca la alusión al cielo mediante la presencia de elementos como el sol. Especial mención merece la Virgen de Eguiarte por su cuidado tratamiento. También se le conoce como la Virgen de la Leche por encontrarse amamantando al niño.

La Anunciación

La Anunciación

Una retorcida escalera medieval de caracol conduce hasta la torre. Vigas de madera, sillar y grandes campanas enmarcadas entre ventanas acentúan el aspecto rural de esta particular cimentación. La panorámica desde las alturas resulta eminente.

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La Casa-Palacio de los Mencos en Tafalla

Está elevada sobre una pequeña colina enfrente de las viejas murallas de la ciudad de
Tafalla, hoy derruidas. En ese altozano se compró por parte de la familia Mencos, que
vivía hasta entonces cerca de la iglesia Santa María, un terreno “fuerapuertas”, al borde
del camino Real que conduce a Olite, y allí edificaron la nueva casa.

Casa Palacio de los Mencos, Tafalla

Aunque no conocemos la fecha de la construcción, la podemos situar dentro de una
generación. Concretamente el que hace la casa es D. León Mencos y López de
Dicastillo, que contrajo matrimonio en Tafalla en 1590 con Doña Marta de Arbizu y
Díez de Aux-Armendariz. Al poner este matrimonio su escudo en la fachada principal
conocemos que la casa es de esa época. Tiene por tanto cuatro siglos de existencia.

Desde entonces la familia Mencos la vivió como casa principal hasta que en 1770 por el
matrimonio de Joaquín José Mencos y Areizaga (conde de Guendulain y barón de
Bigüezal, Alcaide de los Reales Alcázares de Tafalla, nacido en Tafalla en 1748), con
Magdalena Eslava y Eslava, (marquesa de la Real Defensa y condesa del Fresno de la
Fuente), trasladan los Mencos su residencia principal a la casa de los Real Defensa, en
la calle Zapatería de Pamplona. Queda entonces esta de Tafalla como segunda casa.
Desde mediados del siglo XX vuelve a ser la casa principal del mayorazgo de los
Mencos de Tafalla.

Casa-Palacio de los Mencos (Condes de Guendulain)

La casa ha sido ocupada en diversas ocasiones cuando ha habido guerras, por las tropas,
como ocurrió con el ejército francés entre 1808 y 1813, en la guerra de la
Independencia, o como también pasó en la guerra carlista, cuando fue cuartel del
ejército Cristino de 1833 al 1839. Posteriormente, en la llamada tercera guerra carlista,
la de 1873 al 1876, fue hospital de la Cruz Roja (parece ser el primer hospital que la
llamada en sus comienzos Humanitaria Sociedad de Socorro a los heridos en campaña
instaló en el frente de guerra).

En el siglo XX, en 1936, durante la guerra civil, fue de nuevo ocupada y esta vez utilizada como escuela de suboficiales y Comandancia de la Guardia Civil. La casa, por lo tanto, ha sufrido bastante, puesto que las tropas no suelen ser cuidadosas con los inmuebles que ocupa.

Casa Palacio de los Mencos, TafallaNo obstante, se comienza a arreglar a partir de los años cuarenta del pasado siglo, por
Don Tiburcio Mencos y Bernaldo de Quirós, marques de la Real Defensa y hoy nos
ofrece un aspecto mejor incluso que el que pudo tener antes de la guerra civil.

En la fachada principal encontramos sobre la puerta unas cadenas que, en el Reino de
Navarra, significan que ha sido hospedaje real, y así es pues en esta casa se ha
hospedado Fernando VII, en el mes de mayo de 1828; anteriormente lo había hecho, en
diciembre de 1714, la reina Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V.

También fue visitada por Alfonso XII en el mes de febrero de 1875 (cuando era hospital de la Cruz Roja). Las cadenas se conceden por la estancia de Fernando VII y su esposa Mª
Amalia de Sajonia.

El arco que sobre la carretera comunica la casa con el que fue convento de las Recoletas
nos indica la relación familiar de los Mencos con la fundación de dicho Monasterio. Fue
el tafallés Don Martín Carlos de Mencos y Arbizu, Capitán General y Gobernador de
Guatemala, hijo de los que edificaron la casa, quien a sus expensas lo mandó construir
en el siglo XVII con ese destino y la comunidad de monjas lo ha utilizado hasta el año
2006.

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Iglesia parroquial de San Andrés – Narvarte

Parroquia de San Andrés – Narvarte

Parroquia de San Andrés, Navarte

Fachada de la Parroquia de San Andrés

Es un discreto edificio situado entre construcciones adosadas a sus muros, que lo hacen todavía más inadvertido. Fue construida entre los siglos XVI y XVII. Al exterior, deslucida por los edificios colindantes, se presenta como una robusta construcción de traza horizontal que combina la piedra de sillería y el sillarejo enlucido.

Destaca la zona de los pies en la que se sitúa la fachada principal, restaurada en 2006, realizada en noble sillar. En la parte inferior de la misma se sitúa la portada renacentista del siglo XVI; encajada entre pilastras, tiene forma de medio punto, con cinco arquivoltas que descansan sobre capiteles de motivos vegetales y columnillas cilíndricas.

Sobre la portada, en un nivel intermedio, se abre un sencillo vano abocinado. Continúa la fachada, en un nivel superior, con un sobrio paramento de sillería, hasta llegar al campanario rematado en forma de espadaña. El cuerpo de campanas se abre mediante dos arcos de medio punto. Confieren sobriedad y robustez a la fachada, sendos pilares que la flanquean por cada costado. Los demás muros parroquiales son de sillarejo.

Iglesia de San Andrés, Narvarte

Vista de la Iglesia de San Andrés, Narvarte

Internamente dispone una sencilla nave de doble tramos, amplio crucero de brazos rectos y cabecera poligonal. El sistema de cubiertas es sencillo y variado. Para los tramos de la nave se utilizan dos bóvedas de arista, para el crucero una sencilla cúpula sobre pechinas, los brazos del crucero se cubren mediante lunetos, mientras que sobre la cabecera se alza una bóveda de cascarón.

Retablo Mayor

Parroquia de San Andrés, Narvarte

Fachada de la Parroquia de San Andrés

Es una pieza moderna realizada para la zona de la cabecera en el siglo XX. De estilo ecléctico, presenta un banco sobre el que se alza un cuerpo de columnas corintias. La imaginería que se guarda en el retablo dedicada al patrono, San Andrés, y al patrón de Navarra, San Fermín, es contemporánea a la confección del retablo. Otros retablos menores, situados en el Evangelio y Epístola, son los dedicados a la Virgen del Rosario y Santa Catalina respectivamente. Ambos también son de estilo ecléctico y traza similar al mayor, realizados en el siglo XX.

Entre otros motivos del interior parroquial, destaca una pila bautismal de alabastro del siglo XVI, situada en la zona del Evangelio.

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Selva de Irati

Bosque de Irati

El Bosque o Selva de Irati es un bosque repartido entre el norte de Navarra y el país vasco-francés entre Sola y Baja Navarra, al suroeste de Francia.

Hayedos en el bosque de Irati

Hayedos en el bosque de Irati

Por su parte española, está situada en el valle del río Irati, entre los montes de Ortzanzurieta y Roncesvalles al oeste, y el monte Orhi al este. El límite sur lo pone la imponente mole de la Sierra de Abodi.

Los principales accesos son por el oeste por Orbaiceta (Valle de Aezkoa) y por el este por Ochagavía (Valle de Salazar).

Se trata de la mayor masa forestal de Navarra y uno de los mayores y mejor conservados bosques de haya y abeto de toda Europa.

A pesar de ser un bosque explotado forestalmente desde los siglos XVI-XVII, el respeto y el buen hacer de los habitantes de estos valles ha hecho que se conserve en total plenitud.

Existen dentro de la zona diversos espacios protegidos: todo el Irati es una ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves), así como zonas protegidas como Reserva Natural o Reserva Integral del total de 17.000 ha del bosque.

Hayedo en el bosque de Irati

Hayedo en el bosque de Irati

Además de los bosques, Irati contiene una gran riqueza faunística, donde sobresalen los ciervos, cuyo celo o “berrea” puede disfrutarse en otoño, además de especies en peligro de extinción que encuentran aquí un de sus últimos reductos, como los pájaros carpinteros, pito negro y pico dorsiblanco, entre otras muchas. Irati contiene además varios endemismos pirenaicos tanto de flora como de fauna, como el tritón pirenaico.

Reserva integral de Lizardoia

En el monte La Cuestión, entre las Casas de Irati y el embalse de Irabia (finalizado en 1922), con 64 ha de un magnífico bosque de hayas yabetos, incluyendo 20 ha de bosque intacto con ejemplares de 40 m de altura.

Hayedo en la selva de Irati

Hayedo en la selva de Irati

Reserva natural de Mendilatz

En el monte del mismo nombre, en la parte aezkoana de la selva del Irati, con 119 ha en una zona de roca caliza y alta pluviosidad, con bosquede grandes hayas y otras especies.

Reserva natural de Tristuibartea o Ariztibarrena

En el monte Pettuberro, en Villanueva de Aezkoa, con 55 hectáreas y bosque de roble peludo en las zonas más bajas y de hayas en las altas.

El pantano de Irabia

Central eléctrica del pantano de Irabia

Central eléctrica del pantano de Irabia

En el interior de la selva de Irati nos encontramos el pantano o embalse de Irabia, que recoge las aguas del río Irati y forma un conjunto espectacular junto a los hayedo-abetales de los alrededores. El lugar cuenta con senderos desde los que se puede disfrutar de paseos muy recomendables tanto a pie como en bicicleta.

El pantano ocupa una superficie de 128 hectáreas y tiene una capacidad de casi 14 hm3. En cuanto a la presa, alcanza los 44 metros y una longitud de 158 metros.  La presa fue construida en 1921 para regular el agua del río Irati -formado por la confluencia de los arroyos Urtxuria y Urbeltza-, producir energía y permitir la flotación de la madera, que entonces se transportaba en forma de almadías hacia el Ebro.

Troncos de haya en la selva de IratiReflejos en las aguas del pantano de Irati

El bosque encantado: Irati en otoñoUn río en el interior de la selva de Irati

 

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