El molino de la Guerinda

Molino viento de la sierra de la Guerinda

En la sierra de la Guerinda, límite entre Lerga, Olleta y San Martín de Unx, se conserva uno de los pocos molinos de viento que existieron en Navarra. Hoy, este edificio es la «guinda» del parque eólico levantado por la empresa EHN en los años 90.

Parque eólico de la Guerinda

Parque eólico de la Guerinda

EL VIENTO NEGRO

Un día cualquiera en la Guerinda, la fuerza del viento puede ser de unos diez o doce metros por segundo. Sin embargo, «esto puede cambiar de repente y ponerse tranquilamente a veintiséis o veintisiete metros por segundo (ciento y pico kilómetros/hora)», dice Iñaki Urquía. Antiguamente, los habitantes de la zona hablaban del «viento negro» que sopla a veces en la sierra. Este es el aire más peligroso porque es un viento agradable, que sopla suavemente cuando empiezan a ponerse las nubes negras, pero de repente se torna violento como un huracán.

«Aquí la mayor parte del año sopla el cierzo y en verano el bochorno, aunque en cinco minutos puede cambiar sin avisar», añade Urquía. «Esto nos pasó un día cuando estábamos terminando de ajustar los mecanismos del molino. De repente vimos que se estaba poniendo negro, y tuvimos que bajar corriendo de la torre antes de que empezara la tormenta de viento.

Parque eólico de la Guerinda

Parque eólico de la Guerinda

En los montes de Guerinda sopla un viento tan fuerte que te llena la boca de golpe y casi no te deja respirar. Los antiguos agricultores y pastores de la zona, solían hablar del «airuz» que barre estas cumbres austeras cubiertas de coscojas, enebros, ollagas y otras plantas propias del matorral mediterráneo. Aquí arriba, en medio de este rosario de montes repletos de aerogeneradores modernos, existe un paraje conocido desde antiguo como «el portillo de los Molinos de Viento».«Este lugar es como un embudo», dice el arquitecto Iñaki Urquía. «Aquí, en este collado que está a unos 800 metros – los montes circundantes tienen una altura máxima de 900 metros- se cuelan como un tiro los vientos que soplan del norte y del sur. «No es casualidad que aquí se montara antaño un molino de viento. Y es que los antiguos, que de tontos no tenían un pelo, aprovechaban los recursos que tenían en el entorno».

En la muga de tres pueblos

El molino de la Guerinda se encuentra en realidad en el término concejil de Olleta (municipio de Leoz, antigua Valdorba). Muy cerca de aquí están las mugas municipales de San Martín de Unx, y no muy lejos las de Lerga.

Antiguo molino de la Guerinda

Antiguo molino de la Guerinda

En todos estos pueblos agroganaderos, los agricultores han vivido tradicionalmente de la viña y del cereal. Por eso, además de las bodegas, había antiguamente en San Martín de Unx un molino de río, que aprovechaba el agua de las regatas que bajan de la Guerinda hasta el Cidacos, para moler el trigo, y obtener la harina

Al parecer, el molino harinero de San Martín de Unx no debía ser muy productivo, ya que las regatas de esta zona son inconstantes o de bajo caudal, y había que embalsar el agua para poder moler. «Cuando se acababa el agua, había que volver a esperar a que se llenara para continuar con la molienda», señala el arquitecto Iñaki Urquía. «Así pues no es de extrañar que los habitantes de esta zona se plantearan hacer un molino de viento «mancomunado» en las cumbres de la Guerinda.

Como en la Mancha

El molino de viento se construyó probablemente en la segunda mitad del siglo XVII. Sus restos aparecieron en 1995, en el curso de los trabajos realizados por la empresa Energía Hidroeléctrica de Navarra para la instalación del parque eólico. Según los arqueólogos del gabinete Trama, autores de la excavación y del análisis de las ruinas, éstas correspondían a un «molino de viento de tipo torre, clasificable en el tipo C de Küguer».

«Este tipo de molino es muy raro en Navarra, puesto que aquí la abundancia de ríos propiciaba la proliferación de molinos de agua, que son tecnológicamente más sencillos, menos costosos, y más productivos», señala Iñaki Urquía, autor del proyecto de reconstrucción. «Además, los molinos de río son más fáciles de manejar», añade. «Tu abres la tajadera, un poco más o un poco menos, y… «ahí está bien. A moler». En cambio, el molino de viento es mucho más complicado de hacer y sobre todo de gobernar».

Para reconstruir el molino de la Guerinda, los arqueólogos y el arquitecto se inspiraron en los molinos de la Consuegra (Toledo), y especialmente en un ejemplar conocido hoy como el molino Sancho. Este tipo de molino manchego se extendió sin variaciones por toda la península, por lo que es de suponer que el de Olleta fuera muy parecido», señala Urquia.

Molinos de viento en la Guerinda

Molinos de viento en la Guerinda

Entresijos del edificio

El molino original tenía una base cilíndrica de ocho metros y una cubierta circular cónica de tres, con hélice de cuatro aspas. Así es que la estructura original alcanzaba una altura de once metros. «En la reconstrucción se aumentaron un poco estas medidas por razones de seguridad», dice Iñaki Urquía. «Y es que antiguamente las aspas giraban a un metro o metro y medio del suelo, con lo cual podían colisionar con personas o animales. Por eso, el molino tenía dos puertas, por las que se podía entrar alternativamente según la orientación en la que estuvieran girando las aspas».

Hoy como ayer la torre del molino se distribuye en tres niveles interiores comunicados por una escalera de caracol. En la primera planta se encuentra el cernedor de la harina, y en la segunda planta, las piedras del moler (solana y volandera) junto con los mecanismos de madera que las conectan a las aspas. Estas se mueven, junto con la cubierta, buscando la dirección del viento, generalmente cierzo o bochorno. Para ello, se ha reproducido el complejo mecanismo interno hecho de ruedas de madera, dentadas y engrasadas con sebo, que mueven las dos piedras del molino. La rueda más grande se llama catalina, seguramente porque recuerda la rueda en la que dieron tormento a Santa Catalina. Y la más pequeña se llama linterna, y está conectada a las piedras de moler mediante un eje o barrón que las mueve con la fuerza de las aspas.

Molinos de viento en la Sierra de la Guerinda

Molinos de viento en la Sierra de la Guerinda

Ver y escuchar cómo funciona el molino desde dentro es una experiencia emocionante. «La primera vez que se puso en marcha, crujía y bailaba todo de tal manera, que parecía que iba a estallar. Y es que los molinos de viento son como gigantes peligrosos y difíciles de gobernar. No es de extrañar, que don Quijote se enfrentara con ellos, porque al moverse las aspas, el molino chirría y trepida como un monstruo».

Detalles de la reconstrucción

La reconstrucción del antiguo molino de Olleta se realizó entre 1998 y 1999.Tanto la cubierta cónica, como los mecanismo internos del molino (ruedas catalina, linterna y el eje que conecta con las piedras de moler), se rehicieron con madera procedente de diversos puntos de Navarra. La torre cilíndrica está inspirada en la cubierta de la torre de Nuestra Señora de Muskilda en Ochagavía. Y el palo de gobierno y las hélices están hechos con acacia de Bera.

Para medir la fuerza y dirección del viento, el molino de la Guerinda se sirve de una veleta-anemómetro con forma de gato. Este curioso detalle que corona la torre del molino es en cierto modo la firma del albañil, Javier Sanz, que es de Azqueta (»a los vecinos de este pueblo les llaman gatos», recuerda Urquía.).

Para realizar la obra, la empresa EHN contó además con otro experto artesano: el carpintero tafallés Jose Luis Inchaurrondo, actual encargado del mantenimiento del molino.

Antiguo molino de viento en la sierra de la Guerinda

Antiguo molino de viento en la sierra de la Guerinda

Hoy, las instalaciones reciben periódicamente la visita de escolares o de otros grupos de personas interesadas en ver funcionar «el único molino de viento de Navarra». Al parecer, pudo haber algún otro molino de viento en Artajona, en Olite, y en Subiza (Cendea de Galar). Pero de momento el de Olleta es el único en Navarra que ha sido identificado y analizado. De ahí la importancia que tiene como testimonio del tipo de arquitectura industrial que se hacía hace cuatro siglos.

Texto: José A. Perales
Leído en: http://www.diariodenavarra.es/

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